SIEMPRE GANAN LOS MALOS. Obra propia: Acrílico s/lienzo 46X33 cm. Cascadas del Nicho. Cuba

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Obra propia: Cascadas del Nicho. Sierra del Escambray. Cuba. Acr. s/lienzo

Y sin embargo…

Esta es la historia del hombre más alto del mundo y de la mujer más baja del planeta. Es la historia de un vampiro con buen corazón y de un hombre lobo con alma de ratón. Es la historia de todos los que querrían que sus vidas fueran otras. Les gustaría despertarse una buena mañana convertidos en otra persona. En una habitación distinta de un país diferente con un nombre que nunca han oído pronunciar, siendo ellos mismos, con la libertad de ser otros. No tienen claro si las vacaciones de uno mismo son definitivas o sólo por un rato. Tampoco saben muy bien que harían sí, como a mí, esto les llegara a ocurrir realmente. De repente me desperté y me miré las manos. Siempre he estado orgulloso de mis manos. Soy, o mejor dicho, era pianista. Por eso al ver aquellos garfios peludos solté un grito y corrí hacia el espejo. Siempre ganan los malos, no debéis olvidarlo para llegar al final de esta historia. Porque la imagen que me devolvió el espejo superaba mis más terribles pesadillas. Siempre ganan los malos. Pero en este cuento es diferente, porque es la historia de la mujer más baja del mundo y el hombre más alto del planeta, de un vampiro con corazón de gato y un hombre lobo que es incapaz de mirar a la luna a los ojos. Y mi historia; la de un hombre que igual que tú se despertó una buena mañana y se encontró convertido en la persona de la tierra que más había odiado.

Y sin embargo…

Nunca lo hubiera podido imaginar, mis vecinos parecían personas normales, si normal se le podía llamar a pasar largas horas encerrados en la casa, y salir al atardecer, justo cuando el resto de los vecinos abandonaban los casi de repente oscuros y húmedos jardines, que rodeaban todas las viviendas de aquel peculiar barrio de la ciudad.

Pero la primera vez que les observé uno junto al otro, me di cuenta del por qué de su reclusión. Eran una pareja totalmente incongruente, el mínimo tamaño de la mujer, que sin ser enana daba la impresión de ser apenas una niña de unos seis años, destacaba frágil e inocente junto a la enorme mole del hombre, cuya cabeza parecía perderse entre las pequeñas ráfagas de nubes que se deslizaban suavemente aquella desapacible tarde de otoño sobre los tejados de la vecindad.

Siempre he pensado que, entre el sueño y la vigilia hay un breve espacio, un lapso de tiempo donde todo es posible y la realidad aparece vestida con los ropajes mágicos de los que están hechos los sueños, y al caer la noche, entre las sombras del jardín, aquella pareja parecían ser los protagonistas de algún asombroso cuento de hadas, con gigantes y princesas prisioneras, que aún así vivía feliz junto a su captor, que se desvivía por complacerla.

En un solo instante todo pareció cobrar sentido en mi mente, el miedo que había sentido toda la vida a ser una persona gris, vulgar y corriente, que no era capaz de provocar en los demás nada, ni amor, ni admiración, ni siquiera rechazo o simplemente lástima, de pronto desapareció y dio paso a una sensación nueva, maravillosa y diferente, de pronto por primera vez me sentí poderoso.

 Agazapado entre la oscuridad de los frondosos setos de jardín me dediqué a contemplarlos durante horas y a través de varios días, hasta que de pronto un día lo intuí con una claridad bestial. Yo era la parte que necesitaban en su vida, la respuesta a sus plegarias.

Mi extinto instinto de supervivencia, olvidado desde hacía generaciones, se despertó de repente, aquellas garras peludas parecían sentir una sed de venganza que me hacía parecer estúpido, porque mi mente me llevaba a querer acercarme a ellos, pero no para hacerles daño, sino todo lo contrario, era mi deseo de compañía lo que me mantenía allí acuclillado durante todas las horas de la noche, contemplando la belleza del amor que se profesaban aquella extraña pareja.

Y sin embargo…

No pude prevenirlos. Cuando llegué a mi zona de observación ya habían llegado los agentes de la autoridad local, y eran muchas las luces que iluminaban por completo el jardín. En un extremo del mismo, el enorme y largo cuerpo del hombre aparecía tirado, como un extraño muñeco roto. Su cabeza ofrecía el triste aspecto de una sorpresa brutal reflejada en los ojos abiertos, mientras que la parte de atrás de la misma permanecía vacía, como si nunca hubiese estado llena de huesos o cerebro. La pequeña mujer, más frágil que nunca, como si eso fuese posible, permanecía junto al cuerpo, sollozante y perdida, con amargas lágrimas derramándose lentamente por sus minúsculas mejillas. No contestaba a las innumerables preguntas que le disparaban desde todos los sitios, simplemente permanecía allí, llorando desconsolada sin acertar a pronunciar palabra alguna. Antes de que me descubrieran, corrí hacia mi casa, y me refugié en las profundidades del sótano.

Pasaron muchas horas antes de que oyera los golpes que daban en la puerta, y cuando entraron, armados con porras de goma y pistolas, no me dieron tiempo a explicarme.

De pronto, el vehículo que me alejaba de mi hogar con las ululantes sirenas retumbando dentro de mi propia cabeza, pareció convertirse en un extraño carruaje llevado por dragones voladores, y todos los sorprendidos habitantes de mi vecindad que permanecían en las puertas de sus casas observando mi partida, por un breve momento parecieron convertirse en una enloquecida turba que pedía mi linchamiento inmediato.

Y sin embargo…

Después de mucho tiempo en mi celda acolchada, me cambiaron a una común, donde disponía de una mesa y un lavabo con un espejo de papel, y pensé que la única manera de no perder la poca cordura de la que siempre he dispuesto, era enfrentarme a esa imagen que torturaba mi mente cada día que pasaba. Fueron muchas las horas intentando aparentar ser una persona distinta, hasta que hoy pude comprobar, justo hoy que necesitaba ser de nuevo yo, por fin y muy a mi pesar, vi el rostro de una persona inocente.

Siempre ganan los malos.

 

@Copyright Lola Orcha Soler

Relato Finalista II Certamen de Cuentos Cortos de Cádiz 2008

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