El festival. (Microrrelato)

-¡No me creo que llames desde el pueblo!  

Esas fueron tus primeras palabras, como si no hubiesen pasado catorce años. Claro que tú sabías que iba a volver, a pesar de los años y de la distancia, porque del olvido de aquellos años había quedado constancia y el recuerdo de los sentidos permanecía allí. A mediados de los noventa aún seguía creyendo en utopías, y el mundo cercano de un festival de rock fue lo más cercano a ellas que pude tener. Supe de ti que habías nacido allí, que tu nombre era Rosaura, y que olías a uvas y a mosto fresco, No nos separamos en la semana del festival. Y nos despedimos sin promesas, casi con un hasta nunca, después de haberte escrito mi nombre y dirección en una servilleta de papel. Nunca más regresé al festival, y mucho menos  al pueblo. Tuve el accidente durante mi regreso, y tuve que aprender a vivir sin piernas. No me acuerdo si te recordé en estos años, probablemente sí, pero como en una nebulosa de lo que había sido mi vida anterior. Así, hasta que recibí tu carta, con la foto. Esa foto de un chaval alto, con el cabello del color del trigo tostado de estos campos, y ojos como la hoja de los viñedos que lo rodean.  Tiene unos catorce años, y mira de frente, con la misma mirada que un día tuve a su edad, y él es la razón de que te llame desde tu pueblo.

Obra propia. Viejos bares de mi pueblo. Óleo sobre lienzo. 61X46 cm

Imagen

@Copyright Lola Orcha Soler 2010

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